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¿Un poco de historia de la tecnología satelital?
- Interplanetaria
Británica, Arthur C. Clarke, publicó un artículo -que muchos calificaron
como fantasioso- acerca de la posibilidad de transmitir señales de radio y
televisión a través de largas distancias (transatlánticas) sin la
necesidad de cables coaxiales (en el caso de la televisión o relevadores
en el de la radio), proponiendo un satélite artificial ubicado a una altura
de 36 mil km, que girara alrededor de la Tierra una vez cada 24 horas, de
tal forma que se percibiera como fijo sobre un punto determinado y, por lo
tanto, cubriendo en su transmisión una fracción de la superficie
terrestre. Este artefacto estaría equipado con instrumentos para recibir y
transmitir señales entre él mismo y uno o varios puntos desde tierra;
también, añadía que para hacer posible la cobertura de todo el planeta
habrían de colocarse tres de estos satélites de manera equidistante a la
altura mencionada, en la línea del Ecuador. El artículo presentaba,
además, algunos cálculos sobre la energía que se requeriría para que
dichos satélites funcionaran, y para ello proponía el aprovechamiento de
la energía solar.
- Con
esos elementos en mente, la Marina de los Estados Unidos de América (E.U),
unos años más tarde, utilizó con éxito el satélite natural de la Tierra
-la Luna- para establecer comunicación entre dos puntos lejanos en el
planeta, transmitiendo señales de radar que dicho cuerpo celeste reflejaba,
logrando con ello comunicar a la ciudad de Washington con la Isla de
Hawai. Esto comprobó que se podrían utilizar satélites artificiales con
los mismos fines, pero salvando la desventaja de depender de la hora del
día para obtener las señales reflejadas. Se emprendió, un ambicioso
proyecto denominado Echo, el cual consistía en utilizar un enorme globo
recubierto de aluminio para que sirviera como espejo y reflejara las
señales emitidas desde la Tierra. El artefacto, visible a simple vista,
fue el primer satélite artificial de tipo pasivo -por su característica de
servir solamente como reflejo y no tener aparatos para retransmisión-; los
llamados satélites activos vendrían después, con los avances tecnológicos
y las experiencias que poco a poco fueron enriqueciendo el conocimiento en
este campo.
- En
la siguiente década, el Año Geofísico Internacional (1957-1958), marcó el
banderazo de salida de una carrera espacial que durante muchos años
protagonizaron E.U. y la Unión Soviética, siendo está última la que se
llevó la primicia al lanzar al espacio, el 4 de octubre de 1957, el
satélite Sputnik I, el cual era una esfera metálica de tan solo 58 cm de
diámetro. En diciembre de ese mismo año, E.U. también lanzó su propio
satélite, el Vanguard, aunque sin éxito, pues se incendió en el momento de
su lanzamiento. (1)
- En
la mañana del 4 de Octubre de 1957 el mundo recibió una de las noticias
mas impactantes del siglo XX: por primera vez en la historia de nuestra
civilización se logró enviar un artefacto al espacio exterior. El nombre
del aparato enviado era Sputnik I que se convirtió en el primer satélite
artificial creado por la humanidad. Lo increíble era que dicho satélite
alcanzaba a duras penas el tamaño de un balón de basquetbol y pesaba sólo
183 libras, alcanzando orbitar una elíptica alrededor de nuestro planeta
en 98 minutos. El impacto que tuvo el Sputnik sobre el desarrollo
tecnológico en el resto del siglo XX /2)
- Pocos
meses después USA colocó el explore I su primer satélite de
comunicaciones l, y con ello se apuntó un tanto en el mundo de
la ciencia al descubrir los cinturones de
radiación que
rodean a la Tierra, a los que llamaron Van Allen en honor al líder de los científicos
responsables de esa misión. Posterior a ese satélite, siguieron sus
versiones II, III y IV, de los cuales el Explorer II falló.

- El
primer experimento en comunicaciones desde el espacio también fue en 1958,
cuando un cohete Atlas-B, equipado con un transmisor y un reproductor,
emitió hacia la Tierra un mensaje grabado con anterioridad por el
presidente Eisenhower. El Atlas-Score permitió demostrar que la voz humana
podía propagarse superando la considerable distancia existente entre el
planeta y el satélite. El concepto fundamental era sencillo: un repetidor
colocado en un lugar suficientemente elevado podría dominar mucha mayor
superficie que sus homólogos terrestres. El repetidor, por supuesto, sería
colocado en órbita, aunque su limitación principal sería la movilidad
del objeto en el espacio.
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